Del otro lado del río

– Gustavo Roldan
El rÍo era ancho y alegre, los árboles con flores se reflejaban en el agua, llenándola de colores, y las mariposas bailaban la danza de los enamorados. El tapir se acerco y se quedo parado en la orilla. -Sí sí -se dijo-, yo creo que es mucho mejor vivir de este lado del río. Uno lo mira y lo ve correr de izquierda a derecha, que es la manera natural de correr de un río. Y se quedó pensando cómo su amiga, la vizcacha, podía vivir del otro lado. Ese otro lado donde el mundo estaba al revés, y donde los bichos no debían de ser iguales a los que tenían la suerte de haber nacido de este lado. -Seguro que los de este lado somos mejores -se dijo-. Sí sí, mucho mejores. Y ahí nomás se fue a buscar un vado para cruzar y hablar con la vizcacha. -Amiga vizcacha-le dijo-, vengo a invitada para que se vaya a vivir de este lado del río. Le aseguro que no le conviene vivir del otro lado. -Amigo tapir -dijo la vizcacha-, siempre pensé que yo vivía de este lado y usted del otro.